Hace un poco más de un mes entramos en la famosa primavera, esa de las mariposas en la güata, de las poleras zorronas, las alergias y los ánimos mejores. Pero acá sigue lloviendo. En realidad, acá la lluvia nunca para.
Se me mojó la casa por dentro y por fuera, por dentro los muebles quedaron nadando y afuera la fachada se destinó entera. En el techo se me enredaron las ideas y no hay árbol que alcance a sacarlas. La mesa del comedor, como era de madera, se inchó tanto que perdió su forma y las sillas ya no alcanzan a caber.
Mi antejardín, con tanta agua, se transformó en barrial y nadie se atreve a entrar porque se pueden ensuciar los zapatos. Maldita lluvia que causa estragos.
Acá, con primavera posada, sigue lloviendo.
Dicen que el que madruga encuentra todo cerrado; acá, en mi país, está todo cerrado y mojado.
Al mal tiempo, usar paragüas.